sábado, 29 de marzo de 2008

Suma y sigue


Jean-Jaques Rousseau pensaba, a diferencia de Thomas Hobbes, que el hombre es bueno e inocente por naturaleza y es la sociedad la que lo corrompe. Para Robert Owen, el gran cooperativista, las condiciones de vida determinan la suerte del individuo y, al igual que Rousseau, expone que el hombre es bueno por naturaleza pero las circunstancias no le dejan serlo.

Lejos de entrar en largas y distendidas disertaciones filosóficas, parece que mi amigo Rousseau se equivocaba porque a día de hoy el factor que corrompe al ser humano es, por lo general, el videojuego. Hay casos y casos de asesinato en los que se expone que el ocio virtual es la causa directa o indirecta de que un sujeto X descuartice, katana en mano, a todos los componentes de su familia alegando que quiso imitar al personaje fetiche de su juego favorito. Pero da la casualidad que la mayoría de hogares del primer mundo disponen al menos de una consola en casa y se me antoja difícil imaginar a un joven de nuestros tiempos que no haya jugado alguna vez a un videojuego, por malo que sea éste. De ahí que el mundo de las consolas sea un pozo recurrente sobre el que verter todas las críticas en caso de homicidio juvenil, y eso cuando no aparece el cine u otros medios generadores de ficción de por medio. La censura me parece hartamente vergonzosa, pero más me lo parece el hecho de atribuir brotes psicóticos y conductas de psichokillers a mozos consumidores de ficción sana como la que ofrece el arte del píxel. Y lo digo porque estoy harto de oír los típicos comentarios que elevan un juego violento a la categoría de anticristo, susceptible de perturbar las mentes de los niños en su fecundo desarrollo. Es vergonzoso, también, que mucha gente se niegue a aceptar que jugar a los videojuegos se ha convertido en una acción tan propia de la vida cotidiana como la rudimentaria compra del pan. Que un niño mate a otro mientras ambos juegan a los videojuegos no es peor que presenciar cómo dos jóvenes se acuchillan recíprocamente al salir de una discoteca.

Hoy es noticia que un joven estadounidense de 18 años ha matado de un tiro en la cabeza a su amigo de 15 por no dejarle un videojuego que el primero quería. Un hecho escalofriante que nos lleva a pensar, de nuevo, que hay muchas mentes enfermas en el mundo y poca gente que sea consciente de ello porque el blanco de todos los ataques es, de inmediato, el videojuego, la carnaza más suculenta para el sensacionalismo mediático. Y por qué antes no nos paramos a pensar de donde ha sacado un chico de 18 años una pistola del calibre 32? o es que no interesa decirlo?

Ah, sí, no recordaba que culpar a los videojuegos siempre es la excusa más eficiente, que más cuela y satisface a la gente.

Texto original:

Un joven estadounidense de 18 años, William Suarez, ha asesinado a su amigo Olivier Baptiste, de 15 años, porque éste se negó a dejarle un videojuego.
Muchos medios han aprovechado la desgracia para arremeter contra los videojuegos

Según informan en Wicked Local Brockton, Suarez le pidió un juego a su amigo a punta de pistola, éste se negó a dejárselo y el joven presionó varias veces el gatillo hasta que la pistola se disparó. La bala impactó en la cabeza del pequeño. Olivier murió en el hospital una hora después.

La policía arrestó a Suarez acusándole de homicidio y posesión ilegal de armas entre otros cargos. El acusado se declaró no culpable diciendo simplemente que "eso no sucedió".

Este no es el primer caso de este tipo. El pasado mes de julio, un joven apuñaló a su hermano hasta la muerte por no dejarle jugar a un videojuego cuando era su turno.

Como en aquella ocasión, muchos medios han aprovechado la desgracia para arremeter contra los videojuegos.

http://www.20minutos.es/noticia/363822/amigo/videojuego/homicidio/

1 comentario:

Gas Snake dijo...

Y si en lugar de un videojuego hubiera sido unos calcetines, ¿habría que crucificar a la indústria téxtil?