viernes, 2 de mayo de 2008

El triunfo del microjuego

Hasta la llegada de Mario Party en 1998, el minijuego siempre se había reproducido como un plus dentro de una obra mayor y no como eje principal de un juego. Se podría decir que Parappa the Rapper, anterior al título de Hudson Soft y Nintendo, cosechaba un género más propio del bemani que no del minijuego en sí, pero su estilo lo convirtió en una rareza de aquellos tiempos. Sea como fuere, Mario Party, tomando como base el mero sistema de tablero (ya visto en Monopoli, de Snes), nos transportaba a ingeniosas y divertidas pruebas que enganchaban por su fugacidad y aleatoriedad dentro de la base mayor del juego. Recuerdo perfectamente la ansiedad que me producían los turnos de tablero en los que los engorrosos eventos rompían constantemente la magia del minijuego.

Y es cierto que Mario Party no se construía sólo a base de minijuegos, porque las acciones que se desarrollaban únicamente en el tablero podían cambiar la dinámica de una partida en cuestión de segundos, aunque el beneficiado fuera el que menos lo merecía (lo cual, por otra parte, terminaba en cabreos de considerable magnitud). El hecho es que, una vez probado el modo en que los minijuegos podían ser jugados sin necesidad de recurrir a la clásica partida de dados, estas pequeñas porciones de diversión perdían todo su encanto. Aquel deseo de terminar el turno para degustar el minijuego fenecía. Y, a estas alturas, sigo creyendo con firmeza que el minijuego fracasa cuando se independiza del todo.

Pues bien, todos sabemos que Nintendo es una compañía que innova relativamente dentro de sus límites y su universo, y en este caso dio un paso ligeramente importante dentro del concepto efímero del juego. Con el primer Wario Ware, la compañía de Kyoto enterró indirectamente al party game fundado en las innumerables entregas de Mario Party para dar a luz al microjuego, un experimento que ha resultado ser la panacea de la diversión a corto plazo. Desafíos de 5 segundos de duración tan descacharrantes como meter un dedo que se mueve dentro de una nariz sin fallar o rascarle la espalda a un hombre musculado y de dudosa sexualidad se sucedían sin parar en este proyecto. Aquí no había ningún foco sobre el que proyectar los microjuegos, simplemente conformaban la única vaza del juego (toda una declaración de intenciones). Sin embargo, aquí la independencia del minijuego no falla, simplemente por el hecho de estar concebido honestamente para eso, sin ningún cuerpo o tablero mayor que lo sustente (y también por la dificultad in crescendo que van adquiriendo los microjuegos a medida que los superas).

La idea fue todo un éxito, tanto que la entrega de GBA fue trasladada idénticamente a Game Cube con cero mejoras gráficas pero con un atractivo e hilarante modo multijugador. Wario Ware Twisted, touched y Smooth Moves, el último, lanzado en Wii, siguieron al primer Inc.Mega party games y seguro que veremos más en el futuro. Por el contrario, Mario Party ya no es un producto fresco a ojos del consumidor y poco a poco ha ido perdiendo terreno (y más que lo hará si no se reinventa).

Pero la prueba definitiva del triunfo del microjuego, por lo menos en el seno de Nintendo, es que en esta generación muchos títulos de Wii están impregnados por esta faceta de la simplicidad wiimote mediante. El problema es que Cooking Mama nunca se podrá comparar con Wario Ware.

4 comentarios:

forfy dijo...

¡Wario Ware! La primera entrega de GBA es insuperable. Ni el Twisted ni el (ligeramente decepcionante Touched) lograron seguir su estela.

Tengo que confesar mi adicción moderada a Cooking Mama, sobre todo al Dinner with friends que no deja de ser un Cooking Mama edición extendida. Moderada digo porque se repite hasta la saciedad... En pequeñas dosis es una joyita (me motiva cambiar las cortinas de la cocina, que cosas).

¿Qué te parecen los Bishi Bashi de Psx? Para mí son el summun del minijuego. No he jugado a nada a dobles más adictivo.

Ryu_gon dijo...

Me alegra verle por aquí, Forfy.

No es que tenga nada directamente en contra de Cooking Mama (es más, lo he probado y certifico la diversión que ofrece al trasladar el minijuego al ámbito culinario). No obstante, el enfoque me parece eminentemente destinado a ampliar la oferta "Touch Gnerations" que, sí, para mí encaja en el perfil DS, pero no en el de una sobremesa como Wii.

Sobre Bishi Bashi, recuerdo que salió una versión especial para Europa que nunca llegué a jugar. No puedo opinar en este sentido (yo era de los que jugaba a Point Blank, lo admito), pero ya que lo menciona está claro que Wario Ware recoge parte de este humor desternillante de los dos juegos de konami.

forfy dijo...

Por cierto, te iba a mandar un correo y no encuentro ninguna dirección a la que hacerlo.

Envíame algo: mr.forfy(arroba)gmail.com

P.d: Prueba los Bishi Bashi, sobre todo el 2 :D

Ryu_gon dijo...

Enviado, y con una pequeña sorpresa de regalo.