
Hoy me voy a permitir una defensa totalmente legítima sobre una de las compañías más amadas en el pasado e injustamente destrozadas en el presente. Rareware, ampliamente conocida como Rare, trabaja sobre una línea que siempre me ha parecido admirable. Su amor por la policromía en su vertiente más inocente parece no encajar del todo en una era del videojuego en la que el modelo postapocalíptico se ha instaurado completamente y se ha tomado como referencia para multitud de títulos y géneros. Pero Rare, no, ella no cede a esta tentativa de volverse oscura y decadentemente futurista, sino que sigue apostando por los cimientos puramente coloristas en los que se crió el píxel. Y, por favor, no me malinterpreten. Soy el primero que disfruta como un loco descargando plomo en GOW, en el primer Killzone y en infinidad de títulos más. Sin embargo, también gozo como el que más dando caramelos a unas piñatas dignas de cartoon, mutando continuamente en los diferentes y fantásticos seres de Kameo o brincando de árbol en árbol con el fornido Donkey.
Y, sí, en esta generación Rare ha bajado el listón. Ni Perfect Dark Zero, ni Kameo ni Viva Piñata son homologables al Primer Perfect Dark (ni a su precursor, Goldeneye), ni tan siquiera a Conker o a Starfox. Pero tampoco se puede decir que los títulos nombrados, excepto VP: Party Animals, sean mediocres o simplemente regulares. El problema es que el usuario nunca se cansa de pedir, más, si cabe, cuando una legión de nintenderos enfurecidos por la pérdida de Rare como third también decarga, día a día, su odio contra la compañía. No lo han superado, ni creo que lo vayan a hacer. De hecho, lo entiendo, porque Rare siempre ha jugado las mismas cartas que Nintendo, pero en una línea muy paralela que encanta al seguidor pro de la compañía de Kyoto. Ahí estaba Diddy Kong Racing para hacerle la competencia al intocable Mario Kart en la era 32/64 bits, o el carismático Banjo, que cuestionó fallidamente el reinado de Mario 64, pero no por ello dejó de ser lo que es, un gran plataformas lleno de magia y personalidad.
Ya que hablamos de Banjo, ¿han visto la que se está montando con su tercera parte, Banjo-Kazooie: Nuts&Bolts, para Xbox 360? Desde que se anunció, un viejo y voluminoso ejército de fans ha emergido de las cavernas más profundas para reivindicarlo (también los nintenderos). El orgásmico hype duró más bien poco, como lo que suele durar un teaser de esos que te deja los dientes bien largos. Todos ellos querían un tercer Banjo-Kazooie, pero con la obligada condición que fuera exactamente igual a las dos entregas de Nintendo 64 (las de Advance ya ni las cuento). No sin levantar gran polémica, Rare tiró por la vía acertada y asestó un doloroso golpe a estos usuarios empedernidos al anunciar que el juego contaría con su esencia plataformera clásica, aunque daría prioridad a la creación y conducción de vehículos.
Así es, Rare no ha decidido retomar la saga porque sí. Lo ha hecho consciente de que, con las posibilidades técnicas que nos brinda esta generación, se puede explorar y buscar nuevas vías de juego que den sentido a una nueva entrega del oso. Por lo que se ha visto en diferentes vídeos, las posibilidades en cuanto a creación de vehículos serán tan alocadas como nuestra mente pueda llegar a imaginar, dando lugar a auténticas obras del jugador que pueden hacer estragos en el multi del Live.
En estos momentos, un servidor no puede juzgar el juego (ya habrá tiempo). De momento, me conformo con aplaudir a Rare una vez más porque si no se arriesga, tampoco se crea. Estoy bastante harto de ver cómo las sagas se reproducen año tras año sin aportar novedades y todos nos congratulamos de ello (me incluyo en esto, por supuesto).
Habrá que ver la calidad que atesora el producto final, pero mi compra, sólo por todo lo dicho, ya la tienen asegurada. Y no precisamente porque el juego lleve la etiqueta de Banjoo-Kazooie.
