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viernes, 14 de diciembre de 2007

Subjetivismo númerico






Ha sido una semana muy dura. Estamos tan enchufados a esta red de globalización inabarcable denominada internet que cuando nos la quitan, entramos en una especie de agujero negro del cual no divisamos la salida. Pero ya está, basta con la visita de un técnico informático y su posterior y pertinente sablazo para arreglar las cosas. Y digo pertinente porque los informáticos tienen el poder en sus manos, o si más no parecen tenerlo, y aunque nos duela, los terrestres como nosotros tenemos que recurrir a uno de ellos cada vez que la tecnología nos dispara un punch en toda la cara. El caso es que aquí estoy de nuevo para reprender El sillón, que estos días ha estado harto abandonado. Y qué mejor forma de hacerlo que hablando de análisis sin hacer ningún análisis.

Cuando era más joven, cada mes solía llenar las estanterías de mi habitación con revistas de videojuegos de todo tipo. Desde la actualmente deleznable pero veterana Hobby Consolas, pasando por la Superjuegos, Nintendo Acción e incluso la Magazine 64, revista que me encantaba por el desparpajo de sus redactores y por crear una línea alterna al monopolio Hobby Press, pero que terminó sucumbiendo al mercado. No voy a hablarles de revistas, esto ya lo haré otro día, sino de las críticas y en especial de las puntuaciones que éstas otorgan a los juegos que salen cada mes. Ayer comentábamos con Gas Snake que el panorama con relación a la prensa especializada está fatal, y desgraciadamente el problema no es de ahora. La fuerza de la publicidad y la tendencia consumista se han ido imponiendo en detrimento del rigor y de la falsa objetividad que, por lo menos, se tendrían que buscar a la hora de dar cuerda a una publicación. Y la gran arma de todo este entramado es un simple número o dos, dependiendo del medio. Números del 1-10 o del 10-100 que, queramos o no, nos marcan directa o indirectamente en la compra de un videojuego. Porque, no nos engañemos, los videojuegos son más que un simple hobby, casi una forma de vida paralela me atrevería a decir, pero son caros. De ahí que los consumidores nos paremos a mirar con lupa toda compra que vayamos a realizar y nos congratulemos al obtener un juego que pasa del 9 (nos sentimos más machos). Pero qué sucede cuando nos regalan un juego que lleva un 7 por nota? si somos jugadores de toda la vida seguramente nos lo pasaremos y haremos el posible por sacarle las pocas bellezas a relucir, pero muchos más prácticamente ni lo tocarán. Y puede que estemos delante de un buen juego, pero el simple hecho de estigmatizarlo con un 7 ya le condena para siempre. En teoría, la calidad del título se tendría que imponer a la nota pero hoy por hoy la escala de valores está tan sumamente manipulada y desequilibrada que se convierte en una labor difícil. Y no quería hablar de revistas pero al final tendré que citar a una de ellas y, como no podía ser de otra manera, a Hobby Consolas. Una revista que, a parte de sus múltiples contratos publicitarios, ha creado escuela con su sistema de notas, donde un juego que baje del 85 se puede considerar, digo, es un mal juego. Y los lectores de Hobby Consolas eso ya lo saben y están acostumbrados pero no deja de ser triste, permítanme la expresión, de cojones que un videojuego con un 8'5 sea de baja calidad, cuando tendríamos que estar hablando de un juegazo en toda regla. Y no hablemos ya de un juego con un 70, como el caso de Eternal Sonata (leído en un foro de confianza, no piensen mal ahora), que ya clama el cielo.

Tema suspensos.....cuántos juegos "cateados" han visto en una revista de videojuegos? máximo los simbólicos a la par que tristes 4's de Meristation, porque pocos más se ven actualmente. Puntuar al alza es muy fácil pero a la baja es muy diferente, y más cuando te estás jugando la confianza de las programadoras (quién te pasará las betas después?). Con esto me vengo a referir que si estamos bien para poner 9'5's, 8's que echan para atrás y 6's que son sinónimo de calamidad también lo tendríamos que estar para poner 1's y 2's sin casarnos con nadie, porque en el cine bien que se hace y que yo sepa no hay suelta una legión de mercenarios a la caza de Jordi Costa o Mirito Torreiro.

Que conste que, hasta hace bien poco, era partidario de poner notas en los videojuegos y, de hecho, seguiría estando a favor si hubiera un criterio lógico (pero quién lo establece?) que determinara que un juego tal se lleva un 7'5 en gráficos y no un 5 pelado, porque como ya he dicho antes este vicio es muy caro y debemos acertar en las compras si no queremos llevarnos un buen cabreo. La solución, en mi opinión, pasa por abandonar la palabra análisis y suplantarla de una vez por la de "crítica", porque el videojuego ha entrado en una dimensión referencial que debe ser estudiado e interpretado como una obra cultural. Entonces, y a menos que se exponga de una forma clara y justificada, sin romper escalas de valores y estar sujeto a la presión popular, una crítica de videojuegos (que bien suena, oigan) debe presentar ante todo un recital lingüístico que nos ilumine por medio de la palabra y nos haga comprender de una vez de qué estamos hablando y a qué queremos jugar, sin caer en la tentación de mirar números impregnados de subjetivismo mercantil. Porque los números sólo son números.